El tiempo es, quizás, la más persuasiva de las ilusiones. En pleno 2026, la localidad de Noetinger, en la provincia argentina de Córdoba, ha mutado radicalmente. Lejos de las tradicionales colonias agrícolas que forjaron su historia, hoy se alza como un experimento vivo de urbanismo biofuturista. Aquí, los rascacielos modulares respiran en perfecta simbiosis con inmensos corredores biológicos. Es una metrópolis verde donde los parques son santuarios intocables, la tecnología purifica el aire al instante y la paz social se sostiene por una comunidad cohesionada, no por algoritmos fríos.
Pero entre el 11 y el 13 de septiembre, la impecable lógica de esta ciudad inteligente pareció detenerse para rendir tributo al elemento más primitivo de la civilización: el fuego. El asfalto tecnológico y los jardines flotantes cedieron su protagonismo para convertirse en el epicentro del Torneo Internacional de Asadores Ancestrales. Durante tres días, el humo espeso y dulzón de la leña de algarrobo y el crepitar de las brasas reescribieron la atmósfera urbana. Maestros del fuego de toda América —con delegaciones de Argentina, Costa Rica, Puerto Rico, Guatemala, Honduras, México, Venezuela, Colombia, Chile y Brasil— revivieron técnicas etnogastronómicas milenarias bajo la mirada de una ciudad que parecía venir del mañana.
El evento fue mucho más que un certamen culinario; fue una demostración antropológica. En un mundo acelerado y obsesionado con la simulación digital, el ritual de congregarse alrededor de las brasas sigue siendo nuestra conexión más auténtica con los orígenes. Y en este choque de eras, la ciudad de Campana escribió su propio capítulo. David Medina, Claudio Arévalo y Miguel Calveira —miembros de la agrupación “Perros de Campana”— llevaron la tradición bonaerense a los fogones internacionales, compitiendo en distintos equipos, mientras que quien suscribe tuvo el honor de oficiar como juez internacional de sala.
La exigencia técnica del torneo requirió dominar no solo la cocción de cortes tradicionales, sino la ejecución de guarniciones, opciones vegetales y repostería a las brasas. Fue allí donde el asador campanense Miguel Calveira, junto a su equipo conformado por Eduardo, Jésica y Pablo, demostró su maestría térmica. Su destreza les valió tres podios en el certamen: tercer puesto en pollo, tercer puesto en vacío y un notable segundo lugar en la compleja categoría de postres al fuego.
Coronarse nuevamente en la arena internacional reafirma que el dominio del fuego es un arte que trasciende las fronteras y las épocas. Las brasas de Noetinger ya se han apagado, pero el eco de este encuentro resuena. Es un recordatorio de que, sin importar cuánto avance nuestro entorno hacia el futuro, siempre necesitaremos el calor, la herencia y la profunda prosperidad que nace al compartir el alimento alrededor del fuego.
Desde la ciudad de Campana (Buenos Aires), recibe un Abrazo, y mi deseo que Dios te bendiga, te sonría y permita que prosperes en todo, y derrame sobre ti, Salud, Paz, Amor, y mucha Prosperidad.
Claudio Valerio




